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LA MÚSICA COMO ARMA TERAPEUTICA


Lo que nos dicen los especialistas sobre esta Herramienta de Recreación



La música es un arte, una ciencia, un proceso interpersonal y un lenguaje de expresión y comunicación que se dirige al ser humano en todas sus dimensiones, desarrollando y cultivando el espíritu, la mente y el cuerpo. A través de la música se puede educar íntegra y armónicamente a los niños, si se sabe aprovechar como herramienta terapéutica, además de servir para mantener y restaurar el funcionamiento físico, cognoscitivo, emocional, y social de las personas.



La música se suele utilizar como instrumento para facilitar y promover la comunicación, la relajación, el aprendizaje, la motricidad y la expresión, ayuda a controlar la ansiedad, a la socialización, a la autoestima, y a relacionar y adaptar al individuo con su medio, entre otras cosas.

Muchos Psicoterapeutas utilizan la música como técnica para la regulación del estado de ánimo, usando fragmentos de canciones para alegrar en la depresión o calmar en medio de los estados de excitación producidos por la rabia, el estrés o el temor. También se utiliza para mejorar el aprendizaje a través de melodías cónsonas y para la coordinación y la resistencia física a través de ejercicios rítmicos. Para la Asociación Musicoterapeuta Americana (AMTA) por sus siglas en ingles, la música bien empleada puede facilitar el contacto con bloqueos emocionales concretos y producir la catarsis necesaria para la resolución de conflictos.

Todo lo que es música suele ser positivo para un niño, sea como terapia o sea como uso lúdico, pero debemos tener en cuenta que ésta debe ser siempre adaptada a sus oídos, a su capacidad de escuchar y a su edad.
Existen dos tipos principales de música en relación con sus efectos:
La música sedante, que es por naturaleza melódica y se caracteriza por tener un ritmo regular, una dinámica predecible, consonancia armónica y un timbre vocal e instrumental reconocido con efectos tranquilizantes.
Y la música estimulante, que aumenta la energía corporal, induce a la acción y estimula las emociones.

Algunas características que se deben tomar en consideración a la hora de usar la música como terapia es el tiempo. Las canciones lentas suscitan impresiones de dignidad, de calma, de sentimentalismo, serenidad, ternura y tristeza, mientras que las que suelen ser más rápidas expresan alegría, excitación y vigorosidad. Las canciones con ritmos lentos inducen a la paz y las de ritmos rápidos suelen producir la activación motora y la necesidad de exteriorizar sentimientos, aunque a veces provocan situaciones de estrés.          Por otra parte tenemos la tonalidad, donde los tonos altos son claves para las canciones que suelen ser alegres, vivas y graciosas, provocando la extroversión del individuo y los bajos evocan el intimismo, la melancolía, el sentimentalismo, favoreciendo la introversión del individuo.


La música como lenguaje expresivo y de comunicación no requiere ni exige actividades especiales, no obstante ofrece un abanico de resultados satisfactorios, contribuyendo a la coordinación motriz con movimientos de asociación y disociación, equilibrio y marcha, contribuye a desarrollar la locución y la expresión oral mediante la articulación, vocalización y control de voz, controla la respiración y las partes del cuerpo que intervienen en la fonación y el canto, refuerzan la autoestima y la personalidad mediante la autorrealización, elabora pautas de conducta que facilitan la integración social, libera la energía reprimida y consigue el equilibrio personal a través del ritmo, sensibiliza afectiva y emocionalmente a través de los valores estéticos de la música, desarrolla capacidades del intelecto como imaginación, memoria, atención, comprensión, conceptos, concentración o agilidad mental.


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